“Boredom rooms”: ¿el aburrimiento como un punto de partida?

Por Laura Marajofsky

De la mano de una cultura del trabajo como la japonesa en la que existe la connotación de que el empleo de por vida en la misma compañía es la norma, y en la que los despidos masivos son algo casi tabú, muchas corporaciones se están viendo en serios problemas. Así, las multinacionales que han tenido que enfrentar reestructuraciones o simplemente hacer un “downsizing” del personal, acorraladas tanto por las normas explícitas como implícitas de esta sociedad, han comenzado a implementar los llamados “chasing-out rooms” o “cuartos del aburrimiento” (“oidashibeya” en el idioma original).

El concepto detrás de estos cuartos es básicamente el de servir como repositorio en el que se manda a los empleados que ya no son necesarios o cuyos trabajos ya no existen (procesos de automatización mediante), pero que las compañías no pueden o no les conviene despedir. En estos cuartos los empleados pasan semanas, y en algunos casos hasta años, haciendo tareas menores que se les asignan o bien haciendo nada. En el caso en que el empleado no tenga una tarea para hacer, los pasatiempos más comunes suelen ser leer libros o el periódico, surfear la web, y en algunos casos estudiar algo de interés particular para el empleado.

Esto último es lo que Miwako Sato se dedicó a hacer mientras estaba en esta especie de limbo laboral, según relata una crónica reciente del New York Times (http://www.nytimes.com/2013/08/17/business/global/layoffs-illegal-japan-workers-are-sent-to-the-boredom-room.html?). De este modo Sato, cuyo trabajo en Sony había sido directamente discontinuado, se dedicó a conseguir un título en enfermería hasta que finalmente los directivos la reasignaron a otra área. Pero no todos parecen tener el empeño o la suerte de Sato, y así los “oidashibeya” pueden para muchos ser un lugar de estancamiento o decaimiento.

En este sentido, lo que para varios críticos ataca el propio corazón del contrato social existente en Japón, puede bajo cierta luz ser una bendición disfrazada, permitiéndole al empleado reevaluar sus opciones de vida y hasta capitalizarse a expensas de la corporación que lo alberga.

“Sony said it was not doing anything wrong in placing employees in what it calls Career Design Rooms. (…) But the real point of the rooms is to make employees feel forgotten and worthless – and eventually so bored and shamed that they just quit, critics say.”

Más allá de las diversas discusiones que abre esta tendencia, ya sea sobre su validez como práctica laboral, sobre el manejo del tiempo y los recursos personales, o sobre la naturaleza misma del trabajo a nivel corporativo, es difícil encontrar alguna crítica hacia este modelo en el que se presenta al trabajador como alguien débil y pasivo que recibe protección a cambio de lealtad incondicional. En ese sentido el contrato social implícito en Japón, donde se observan otros fenómenos que respaldan esta idea de entrega excesiva como el “Karoshi” o “death from overwork” (http://en.wikipedia.org/wiki/Kar%C5%8Dshi), plantea no sólo una dependencia poco sana del individuo para con entidades mayores, sino una peligrosa afirmación identitaria sobre la base del trabajo que se realiza para la organización y sus intereses.

Simultáneamente habría que preguntarse qué posibilidades hay de desarrollar una predisposición a generar o administrar por cuenta propia, a pensar críticamente y a crear por fuera de las estructuras establecidas, si se orienta al trabajador de esta manera.

Dicho sea de paso, no es necesario irse hasta esta isla para poder observar fenómenos similares en otras partes del mundo, en las que quizás el “boredom room” tome otras formas pero siga igual de presente.

Para escuchar sobre el debate que generaron los “oidashibeya” en el Club I+ pasado y acerca de otras ideas sobre el tema del aburrimiento como posible potenciador, hace click aquí:

https://www.riorevuelto.org/site/index.php?text=ag_2&tipo=club&modo=reu&id_evento=537&nom=club

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