Jueves 7 de Agosto de 2003, Ip nº 51

Cada vez son más los porteños que deciden irse a vivir solos
Por Marina Gambier

El 26% de los hogares de la ciudad tiene un único habitante, según el Indec
El grupo que más creció en la última década es el de los hombres, sobre todo los que tienen entre 25 y 44 años.

Viven en espacios reducidos y tienen la heladera tapizada con imanes de deliverys . Les sacan chispas al teléfono y a Internet, se anotan en cursos de lo más extravagantes y van por la vida sin darle explicaciones a nadie. Son caprichosos y chillan cuando algún intruso les cambia el orden del placard.

En su círculo afectivo caben los comerciantes de la cuadra (que les fían y conocen sus gustos). También la portera del edificio, la única autorizada a entrar en el departamento si se rompe un caño o llegan tarde los del cable.

Basta mirar los números para advertir que, en pleno siglo XXI, vivir solo ha dejado de ser un estigma o una desgracia para convertirse en una elección: según la última encuesta del Indec, el 26% de los hogares porteños está formado por una sola persona. La mayoría son mujeres de más de 65 años, pero el dato ilustrativo de este fenómeno es que en la última década aumentó el número de hogares unipersonales de gente de 25 a 44 años, especialmente el de varones. Sólo en la ciudad de Buenos Aires ya superan a los hogares de mujeres solas de esa misma franja etaria.

"Aunque las cifras del censo 2001 no están evaluadas en cuanto al error de omisión, indicarían dos cosas -explica Alfredo Lattes, demógrafo e investigador del Centro de Estudios de la Población (Cenep)-. Primero, que la proporción de hogares unipersonales aumentó en la ciudad, y segundo, que el único grupo que creció en proporción fue el de las personas de menos de 45 años, que entre los hombres se elevó del 26% al 29por ciento".

¿Lobos esteparios o maniáticos solterones? Ni una cosa ni la otra. Si bien el universo de solas y solos está compuesto por solteros/as, viudos/as, separados/as, divorciados/as y estudiantes, no necesariamente son gente sin pareja.

Según Guillermo Oliveto, director de la Consultora CCR, que monitorea el mercado de consumo, " el abrupto crecimiento de los hogares unipersonales se debe a los créditos hipotecarios que en los 90 ofrecían cuotas equiparables a los alquileres. Mucha gente joven decidió concretar su independencia", agregó.

Pero a los créditos blandos se sumó la obsesión por la realización laboral y el "encuentro con el yo", lo que terminó por alterar el orden de la escala de valores. Tal vez eso ayudó a la caída de las tasas nupciales: en 1999, por el Registro Civil de la Ciudad de Buenos Aires pasaron 20.455 personas. En 2000, lo hicieron 16.782.

"Yo siempre dije que quería vivir un tiempo sola antes de casarme, y sigo pensando lo mismo, pero, con el tiempo, uno le va tomando el gusto (a vivir sin compañía)", dice Laura Boero, abogada, 33 años.

"Vivir sola es una cuestión geográfica, nada más. Soy muy sociable y familiera, no tengo un departamento para aislarme y hacer vida introspectiva. Sin duda, la ventaja es que podés hacer cualquier cosa a cualquier hora y en Buenos Aires eso es muy posible. Vas a cenar, a la farmacia, a tomar algo y hasta hay peluquerías abiertas las 24 horas."

Cama afuera

Según una encuesta de CCR, el 70% de los solos planifica menos el futuro y disfruta más del presente. Gusta del confort, la alimentación sana y cree que el amor dura cuando se mantiene cama afuera.

En ese sentido, el dato más curioso surge de una investigación elaborada en junio último por la consultora Home Research. Parece que los habitantes de hogares unipersonales son los mayores compradores de cepillos dentales.

"La gente todavía cree que quienes viven solos son sucios o inmaduros, que tienen avioncitos colgados del techo", dice Guillermo Hagelstrom, 48 años, productor de radio y agente de prensa free lance , con 24 años habitando un monoambiente equipado con todos los chiches.

"Mi casa es un hogar como el de cualquier familia. Seco el baño cuando me ducho, sé con qué producto lavar los suéteres y puedo pegar botones porque los que vivimos solos sabemos que nadie va a hacer las cosas por uno. Es un aprendizaje continuo, y yo lo disfruto porque no tengo reproches para con mi persona. Además, es más económico y más saludable: no tenés que discutir con nadie la compra de un auto o de una licuadora."

La soledad que pesa

Para Pelusa Frenkel Santillán -chef, dueña de una pequeña empresa de comidas a domicilio, 49 años, más de 20 viviendo sola- no todo es rosa. La soledad pesa, si es completa.

"Disponés de tu vida con total libertad, uno elige hasta los amigos, se cuida más la salud. Pero si te falta pareja, así sea cama afuera, se acentúa la soledad. Tuve una relación cama afuera mucho tiempo, y después tuve otra, pero ya miraba el reloj porque no veía la hora de que él se fuera a su casa.

"Es difícil amoldarse después de que uno pasó gran parte de su vida solo. Aunque suena a lugar común, sigo pensando que es mejor estar así que mal acompañado", aseguró Frenkel Santillán.


  05/08/2003. La Nación (Argentina).