Miércoles 21 de Noviembre de 2007, Ip nº 217

Confesiones de una mamá fiestera
Por Fern Gilmour

Todos habíamos terminado de cenar, nos descalzamos y observamos a nuestro anfitrión haciendo alarde de su nueva placa giratoria, regalo de su esposa. Era su fiesta de cumpleaños de cuarenta años y un grupo de nosotros habíamos ido a quedarnos en su casa en Devon. Una madre se dirigió al segundo piso a chequear que todos los chicos estuvieran dormidos. Incluyendo a mi hijo de tres años, diez chicos desde seis meses a cinco años de edad, se encontraban en la casa. Ni bien supimos que todos los niños estaban dormidos, dos de los cinco padres sacaron papeles de cocaína, comenzaron molerla y a armar líneas sobre la mesa. ¿Acaso somos un grupo de estrellas de rock, DJs y supermodelos? No, somos banqueros de ciudad, abogados, empresarios: urbanitas profesionales haciendo lo que muchos padres suelen hacer regularmente.

¿Suena chocante, no? Padres en contacto con drogas, niños durmiendo en el piso de arriba (con suerte). Pero un nuevo libro dolorosamente honesto llamado “Madres que beben”, escrito por la comediante norteamericana Brett Paesel, muestra claramente todo aquello que hacen las generaciones hedonistas una vez que deciden traer hijos al mundo. Según manifiesta Brett Paesel: “Me rebelé contra lo que un grupo parecía pensar sobre como deberían ser las madres: aburridas, fofas, desexualizadas y casi patológicamente interesadas en sus hijos. Lo que realmente deseaba (luego del nacimiento de mi hijo) era tener relaciones con un extraño en un estacionamiento luego de llenarme de margaritas y marihuana".

Los padres y las drogas son uno de los tabúes de la sociedad. Una muestra de lo dicho anteriormente fue la protesta que se originó cuando aparentemente Kate Moss fue sorprendida inhalando polvo blanco. Para muchas personas, el hecho de que ella fuera madre originó el mayor escándalo. Sin embrago, para el grupo de madres de treinta y pico de clase media, al cual pertenezco, las drogas pesadas siempre han sido, y probablemente siempre serán parte de la vida. Nuestro grupo no se encuentra al margen de la sociedad. Somos una demografía entera. Cada fin de semana, durante los noventa, nuestra generación vivía de fiesta en fiesta. Sin embargo, esta conducta no nos impidió obtener buenos títulos y trabajos. Podíamos pasar la mayoría de los domingos durmiendo en un campo luego de las fiestas, pero el lunes por la mañana estábamos nuevamente vestidos de Armani, llevando adelante nuestras carreras como todos los demás. Diez años después, consumir drogas probablemente una vez al mes y ser una excelente madre no parecen ser conceptos mutuamente excluyentes. Además, no se supone que la madre ideal del siglo XXI debe ser excelente a la hora de realizar muchas tareas a la vez.

Podemos no asistir más a fiestas rave –la mayor parte de nuestro consumo (de drogas) se lleva a cabo durante las cenas y los fines de semana en los countries– sin embrago, en el verano nos atrevemos a todo. Nos habrán visto en festivales tales como Glastonbury o Bestival (que inclusive cuenta con una carpa para que las madres puedan darle el pecho a sus hijos: “Breastival”(Breast: pecho en idioma inglés). Algunos dejan a sus hijos atrás con las abuelas o las niñeras, otros los llevan a dar un paseo y se escabullen en cuanto los niños se duermen.

Ibiza tampoco está prohibido para aquellos que son padres. De hecho, conozco a una pareja con un alto nivel adquisitivo que alquila en el verano dos departamentos durante un mes, uno para ellos y otro para su hijo de cuatro años y la niñera. De esta manera, pueden divertirse en paz.

No somos irresponsables. El arreglo oficial entre la mayoría de las parejas es que sólo uno de los dos puede emborracharse y descontrolarse a la vez. Sin embrago, las drogas son poco propicias a la hora de jugar limpio. A menudo, cuando la madre tiene vía libre, el padre igualmente toma un par de líneas en secreto, apelando a que la madre está demasiado “puesta” como para notarlo o preocuparse. Eventualmente, se da cuenta de lo sucedido, y cuando es el turno de papá, ella toma una o dos “líneas de rencor” a modo de venganza.

Igualmente, a pesar de que el consumo de drogas está aceptado en mi círculo íntimo, me he encontrado frente a situaciones que me impactaron. Recuerdo que había ido a una fiesta la primera noche luego de haber concluido con el período de amamantamiento. Había terminado de amamantar y no había consumido drogas por casi 18 meses. No puedo decir que las extrañaba, pero tampoco puedo decir que no veía la hora de volver a consumirlas. Una de las madres de la banda risueña, una abogada especializada en propiedad intelectual, tenía un bebé de ocho semanas. Me sorprendió realmente verla allí y esperaba que llegara a su casa a tiempo, ya que tenía que amamantar a su bebé a las once de la noche. “Es tan doloroso amamantar, ¿no?”, me dijo alrededor de las tres de la mañana. “Voy a tener que sacarme leche todo el día de mañana y la voy a tener que tirar a la pileta”. Era tan adicta a la cocaína que tuvo que sacarse leche durante un día con el fin de prepararse para su gran salida nocturna. Me espantaba el hecho de pensar que estaría cuidando a su hijo dos días después de haber consumido drogas clase-A. ¿Cómo es posible que supiera que era seguro? Es apenas algo que se puede chequear con la partera.

Ninguno de nosotros reconoce los dobles criterios que empleamos a la hora de criar a nuestros hijos. Los alimentamos con zanahorias orgánicas, les compramos juguetes educativos hechos en madera y luchamos para que tengan acceso a los mejores colegios. Nos auto convencemos de que hacemos todo sacrificio posible.

El pasado Año Nuevo, me encontraba en una casa alquilada en Escocia con un grupo de familias. Poco tiempo después de la medianoche, me encerré para ver una gruesa línea blanca sobre una base brillante. Al final de la pista de polvo se podía observar un monitor de bebés. La sordidez de la imagen me hizo sentir un poco asqueada. Se desdibujaba el Día de Año Nuevo... Las parejas se criticaban entre sí. Les dábamos a nuestros hijos chocolates y papas fritas para mantenerlos calmos mientras nosotros alimentábamos nuestros crispados nervios. ¿Era ésta realmente la forma en la cual mi familia visualizaba el Año Nuevo? Doce horas antes me sentía como si lo tuviese todo....


  11/11/2007. Times Online.