Domingo 22 de Junio de 2008

Alcoholismo, una adicción que crece
El alza del consumo de alcohol en la población juvenil y escolar, desde edades muy tempranas, más el aumento de las situaciones de embriaguez, muestra una realidad anormal que en forma rápida ha desbordado modos tradicionales de prevención y control, y que representa la puerta de entrada a las otras amenazas de dependencia de sustancias psicoactivas. El alcoholismo, el tabaquismo y la drogadicción son tres epidemias contemporáneas que afectan de modo muy especial a la juventud, el segmento más vulnerable de la sociedad.

Pese a que la legislación prohíbe su venta a menores, el consumo de alcohol entre los adolescentes argentinos es cada vez más masivo: el 73 por ciento de los varones y el 63 por ciento de las chicas de entre 15 y 19 años toman bebidas alcohólicas, según revela un estudio realizado por el Instituto Gino Germani de la Universidad de Buenos Aires (UBA). La investigación contiene otro dato aún más significativo: el 95 por ciento de los adolescentes que toman alcohol dice que cuando lo hace "pierde el control sobre su conducta". La encuesta fue realizada entre 2006 y 2007 entre 4971 chicos que en ese momento cursaban el secundario en 85 escuelas públicas de veintiuna provincias y de la ciudad de Buenos Aires.

En los hospitales porteños se atienden cada vez más adolescentes que llegan borrachos. En la guardia del hospital Fernández, por ejemplo, el año pasado fueron atendidos 289 menores de 20 años, según informó el jefe del Servicio de Toxicología, Carlos Damín. En 2006, la cantidad había sido algo menor, aproximadamente unos 270 jóvenes. Por otra parte, en el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez también atienden cada vez más chicos ebrios. En los primeros cinco meses de este año, fueron atendidos allí 22 pacientes de entre 7 y 17 años por presentar síntomas de intoxicación alcohólica.

Otro dato significativo es el que aporta Alcohólicos Anónimos (AA) que señala que los jóvenes ya son un tercio de los que concurren en busca de ayuda, cuando históricamente estaban acostumbrados a tratar con hombres y mujeres mayores de 40 años. En la actualidad, es muy importante la cantidad de chicos de entre 16 y 22 años, y la mayoría llega con dos problemas: las drogas y el alcohol. Se estima que en la Argentina hay casi 2 millones de alcohólicos.

Según datos de la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (Sedronar), por año mueren en el país unas 25 mil personas por causas relacionadas con esa adicción.

Las consecuencias del abuso de bebidas alcohólicas son graves. Mientras dure la borrachera y el alcohol esté en la sangre, pueden aparecer vómitos, náuseas, mareos, disminución de la agudeza visual y, en los casos más severos, pérdida de la conciencia, que puede llegar hasta el coma. En cambio, para los alcohólicos crónicos, las consecuencias son más graves: lesiones cardiológicas, mayor incidencia en tumores hepáticos y problemas digestivos como úlcera, gastritis y cirrosis, entre otras.

Como ya ha sido señalado en reiteradas oportunidades desde esta columna editorial, la familia ocupa un papel fundamental en materia de prevención de las adicciones. Sin embargo, la falta de control de algunos padres sobre sus hijos, ya sea por negligencia, por comodidad o por un concepto equivocado de querer sustituir la imagen autoritaria de jefe del hogar por una más condescendiente y de acercamiento, está llevando a peligrosos extremos en el seno del hogar, hasta el punto de que, en muchos casos, ya no se sabe quién manda ni quién obedece en la casa familiar.

Está muy claro que ante todo deben adoptarse métodos preventivos e inculcarse conciencia sobre la nocividad de todas las adicciones como amenazas contra el libre desarrollo de la personalidad. El prohibicionismo sin persuasión y sin motivación convincente carece de eficacia. Para la gente joven, el valor de la autonomía personal, unido a la dignidad y la autoestima, es primordial. Es en estos atributos de la personalidad y en el riesgo de que se degraden en lo que debe enfatizarse con persistencia y con una mentalidad comprensiva y abierta al diálogo entre generaciones, sin el cual se acentúa un conflicto que puede ahondar y agravar la frustración y el sentimiento de soledad y aislamiento de muchos jóvenes.


  22/06/2008. La Nación (Argentina).