La tecnología, ese oscuro objeto del deseo.

Pareciera ser que en los tiempos posmodernos que corren las nuevas tecnologías pueden ser aplicadas en cualquier ámbito y resultar indiscutiblemente apropiadas. Por supuesto que han facilitado muchísimas áreas del desarrollo humano, desde las grandes corporaciones, pasando por los pequeños intentos de asociación y hasta la gestión personal. Facilidades en la comunicación, en la obtención y organización de información, en el acceso a nuevos mundos, son innegables. Pero carecemos de una visión crítica que no se deje seducir por los aparentes beneficios de los medios de comunicación e informática, una visión pragmática que se pregunte hasta qué punto estos maravillosos inventos son realmente útiles y dónde empiezan a resultar inocuos y superficiales, si tenemos la suerte de que no nos resulten perjudiciales o que desvirtúen el sentido de algunos fenómenos y productos que se cuelan por las redes informáticas.

Muestras de estos casos sobran, por ejemplo, el Museo del Prado ha lanzado un sistema por el cual se pueden ver sus obras a través del Iphone “una de las mejores pinacotecas a nivel mundial y respetadas por artistas, historiadores y críticos de arte serán puestos al alcance de cualquier interesado desde hoy a través de la web del museo, que ha sido optimizada y adaptada a las necesidades de esos dispositivos móviles” ¿Es posible que a nadie del museo se le haya ocurrido pensar cuán inútil resulta ver una pintura al óleo sobre un lienzo de 50×30 en un dispositivo móvil de 10×7 compuesto de píxeles y luz? ¿Nadie pensó en invertir ese costo en alguna forma de promoción del museo que resulte más digna y no tan insultante con los cuadros que cuelgan en sus paredes?

“El Museo del Prado llega al iPhone”
http://www.revistaenie.clarin.com/notas/2010/05/21/_-02198391.htm

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