Una violenta interpretación de la ley

En este espacio hemos discutido antes sobre cómo el Estado se inmiscuye en la vida privada de las personas, a partir de establecer los derechos y obligaciones que el contrato matrimonial lleva implícito y garantizar su enforcement.

Es interesante matizar hasta qué punto el rol del Estado se presenta como la defensa de un contrato voluntariamente contraído entre dos personas, y hasta qué punto puede tornarse un factor que perjudica a quienes no suscriben un acuerdo así, rozando en los límites de lo macabro. Este último caso se ejemplifica en una nota publicada en Clarín, donde explica la actual legislación sobre violencia de género, que establece muy sensatamente que cuando un hombre golpea a su esposa, el lazo conyugal se constituye en un agravante del delito. Sin embargo, si un hombre de estado civil soltero golpea a su pareja (con quien mantiene una vínculo, pero que no es formalmente reconocido por la ley), no hay agravante alguno, es decir, para la ley es lo mismo que si hubiera golpeado a cualquier desconocida.

Este formalismo engorroso que deja a las mujeres que no han deseado casarse notablemente más desprotegidas que las que sí lo han hecho, deja a la luz una manipulación perversa del Estado sobre sus ciudadanos, aún en los casos en que éstos son más vulnerables.

Nota:
http://www.clarin.com/sociedad/Dia-Mujer-violencia-registra-record_0_439756204.html

(Acordate que también podés responder este comentario en IndependNet: http://www.independnet.org/site/index.php#espacial/default//panel_close/panel_close_s///objeto/c/fs_tipo_ppa=24&id_ppa_foco=933)

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