Algún relato sobre “El Relato”

A veces los temas tratados en la reunión del Club I+ quedan aleteando en mi cerebro como si fueran las ondas que se forman en torno a una piedra que se tira en un lago calmo, están ahí como muestra y evidencia de que algo pasó, de que ese tiempo no fue intrascendente y anodino.

Su altura y persistencia dan cuenta del tamaño de la piedra que las originó, pero indefectiblemente, todas tienden a espaciarse como la frecuencia del 107 después de las doce de la noche.

La reunión de este último jueves me dejó con varias líneas de pensamiento inconclusas, sin una resolución que me satisfaga, como si fueran caminos abandonados en donde el tiempo lentamente va borrando sus bordes y comenzaran a mimetizarse con su entorno.

Algo había charlado con Carlos al principio de la reunión, en ese tiempo de apabullante despliegue de netbooks, grabadores y trípodes, respecto que a veces me surgían dudas y preguntas acerca de las cuales no tenía respuestas y sí pocas certezas.

La reunión del último jueves acrecentó estas preguntas y, debo decir, me exigió posicionarme en algún punto para plantear mis ideas.

Misteriosamente, las dudas pre-reunión se podrían engarzar con el desarrollo de ideas que esboce en el fragor del intercambio que se estableció al filo de la medianoche.

En la charla se habló de la importancia de establecer un relato que acompañe a la acción, que la nutriera de sentido, la enriqueciera y a través del establecimiento de una conexión hacia una dimensión épica posibilite un movimiento de ida y vuelta que la retroalimente y la potencie y en este juego de acción y reacción la intención original de la acción muchas veces puede ser cambiada y que, en cierto sentido, esta mutación es lo que da crecimiento al individuo.

Hasta aquí un acuerdo pleno.

Luego vino el pantanoso terreno de los ejemplos. El gol de Diego a los ingleses, el atentado a las Torres Gemelas (al margen de todo: no puede negarse el derroche de imaginación que exudan las reuniones).

• ¿Diego tenía un relato mientras mareaba (sí, soy sup-cincuenta) a sus rivales?
• ¿Los pilotos Mohamed Atta, Marwanal AlShehhi y Hani Hanjour (gracias Taringa!) tenían un relato mayor o mejor que Ziad Jarrah del vuelo 93?
• ¿Pueden estas acciones catalogarse de mejor o peor “relatadas” a la vista de sus resultados?
• ¿Hasta que no termina no hay catalogación posible del relato?

Si la pelota hubiera dado en el palo o si le hubieran errado al 1 WTC, claramente las cosas serían distintas, no me cabe duda, pero si el relato que las origina es previo, si habitó primero en la mente de sus autores, si Diego se durmió la noche previa soñando con eludir medio equipo inglés y hacer un gol o si los muchachos de Al Qaeda pensaron en todas las vírgenes que les esperaban por haber golpeado mortalmente al Gran Satán de turno, ese relato es independiente del resultado.

Tal vez, la reconstrucción que nosotros hacemos ex-post del hecho sería lo que cambie, pero para los autores su relato sigue incólume.

Creo que todos tenemos un relato, algunos de ellos son originales y tienen el potencial de modificar el entorno en que vivimos, otros tal vez no, tal vez sean la única manera de dar sustento ideológico a un conjunto de acciones adocenadas, abúlicas y sin otro objeto que sostener materialmente la existencia de sus autores.

Me acuerdo en algún punto entre el ´73 y el ´74, todos mis amigos y yo nos fuimos a probar a Vélez (era el club de nuestro barrio), mientras nos cambiábamos en el vestuario, les puedo asegurar, que todos teníamos un relato en nuestras cabezas, algo épico y destinado a cambiar el mundo del fútbol.

Noventa minutos después seguíamos siendo los mismos chicos de Villa Luro que jugábamos en la plaza “Derechos del Hombre” de Irigoyen y Juan B. Justo, pero hubo relato y existió esa interacción vivificante… sólo faltó un poco más de habilidad.

Daniel Lopez
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