Nada personal

Por Gustavo Faskowicz

Su movimiento típico puede confundir y sugerir un funcionamiento regular. En la azotea de nuestra cultura los radares están encendidos e impostan cierta sensación de normalidad. Sin embargo, cada vez resulta más evidente, hay algo que no anda bien. Y no se trata de un problema de interferencias, de ruido en la señal. El caso es que estos dispositivos sólo se activan cuando el eco es abrumador, nunca antes. No detectan objetos, sólo magnitudes enormes, amorfas, absurdas.

Así trabajan estos sistemas de monitoreo cultural. Lo que para un individuo puede ser nocivo, recién es revelado como tal cuando la nocividad se convierte en epidemia.

De esta manera, por ejemplo, la pésima alimentación y la obesidad toman dimensión a partir de las cifras escandalosas que generan; las adicciones, en todos sus formatos, se convierten en un tema de preocupación cuando se tornan masivas. Sucede que en este paradigma, el objeto de estudio no es la incapacidad de una persona para administrar su vida sino el colapso de poblaciones enteras en esa misión.

Por otro lado, en esta mirada tradicional poco importa el origen y el análisis profundo de ciertas conductas. Una madre que condena a su hijo alimentándolo deficientemente y promoviendo el sedentarismo pareciera ser una víctima del sistema. Pero no lo es…

En este contexto, a nadie debería sorprender que la política se empiece a meter en los asuntos privados de la gente. Dirigentes, parlamentos, presidentes, todos hoy opinan e intervienen de alguna forma en estos tópicos. Las agendas de muchos países y regiones ya incorporan regulaciones sobre temas de orden primariamente personal. Pero la paradoja es que el foco no está puesto en los individuos. Tal como funcionan los radares de la cultura central, sólo se capta el grano grueso. Las naciones no se detienen en cada uno de nosotros. Es entendible desde su perspectiva que el todo sea lo importante; lo que no es comprensible es que un ser humano deba pensar como un Estado.

Entonces, detengámonos en aquellos que reclaman la intervención estatal para resolver (y por qué no justificar) sus problemas. ¿En qué posición respecto de la iniciativa y la honestidad intelectual puede estar alguien que espera que el gobierno le ponga restricciones para garantizar una existencia más saludable?

El paternalismo es perverso. Esperar que un gobernante diseñe el proyecto de vida de la población es absurdo, suma autoritarismo y exime de responsabilidad a quien debe encarar esa tarea de manera primordial.

Volviendo a la azotea, algunos caerán en la tentación de pensar que si estos radares son tan disfuncionales, quizás se los pueda recalibrar. Pero también habrá otros cavilando que la experiencia vital no admite encomendaciones, que poseer un sistema propio de detección es un desafío, imperioso e indelegable.

Riorevuelto
Riorevuelto
1 Comment
  • 03/12/2008 16:10

    Me parece que lo interesante que tiene esta editorial es que es un análisis global de un fenómeno: el modo en el que los Estados tienden a intervenir en la vida de las personas avasallando muchas veces sus libertades y elecciones. A su vez, lo veo como un disparador para discutir sobre nuestras responsabilidades y sobre como queremos incidir en el mundo… sin la necesidad de refugiarnos en un marco institucional que diluya nuestras potencialidades. Por otro lado, es interesante que esté relacionado con la alimentación porque en este momento abundan los caso de individuos que de alguna manera empiezan a “pensar como los Estados” para tratar de resolver (o de buscarle la vuelta) los altos índices de obesidad…un ejemplo podría ser el cocinero británico Jaime Oliver que, en lugar de pensar en las capacidades y responsabilidades de las personas, propone la creación de un Ministerio.

    Dudo que haya motivado esta editorial una acción estatal específica sino una tendencia global de los Estados por tratar de controlar los proyectos de vida de las personas que, de igual manera buscan muchas veces a encomendar las soluciones a las instituciones políticas o a alguna entidad que lo contenga.

    Es bueno ver y analizar la enorme complejidad de los problemas que los Estados no pueden resolver y que en mi opinión ni siquiera deberían resolverlos dado que esa es tarea de los individuos.

    15 de marzo de 2018 at 10:47 pm

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