El camino del consenso secreto

Vos sabés. Viste cómo es. Te imaginarás.

En ocasiones se ve a la cultura acechar al hombre cuando está suelto. Gestión torva, ostentación de credenciales de masividad y el pasado a un lado que asiste a la escena e insinúa una sonrisa de cazador.

Qué se puede hacer, hay que darle para adelante, estamos todos en la misma.

Apenas después, el hombre domado parece nunca haber siquiera soñado con otra cosa que no sea ese gran abrazo que acompañará cada cuesta abajo de su mirada.

Es necesario. ¿Qué instrumento vas a tocar? ¿Cuál te gusta más?

Si el aleteo de aquella mariposa puede invitar huracanes, ¿a dónde lleva el zumbido de una nube de profesionales? La letra chica del acuerdo se dispersa en todas direcciones. Poder hacerse cargo, tal vez. Más complejo cuanto más cerca del aleteo uno está condenado a observar.

La cultura lleva al hombre a un gigantesco mercado, de calles angostas e incesante actividad. Te estábamos esperando. Ganas, tiempo, lo podés tercerizar. Algo se arreglará, quizás otra cosa se romperá. Esta convergencia es una gran promesa de acompañamiento.

Lo único, eso sí: sin preguntas sobre el plan general. Todos estamos en esto. Las diferencias son marginales, ya está.

Denominador común, conciencia replicada: cobertura moral. Hace su parte.

Uno a uno se suman al juego, y al hacerlo se desprenden de un árbol futuro las ramas que llevaban a otros lugares, otras decisiones.

Si tan solo pudieran caer más lejos…

Carlos Lavagnino
Carlos Lavagnino
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