La Cultura, esa mala palabra

Por Laura Marajofsky

“Hay que habilitar una discusión amplia de Cultura en el sentido de poder rediscutir ciertos parámetros que no se tocan y que curiosamente son aquellos vectores principales sobre los cuales la gran mayoría de la población del planeta estructura su vida.” (1)

En los últimos años desde distintas ramas de las conflictuadas Ciencias Sociales (como por ejemplo la llamada “behavioral psychology”) se ha tratado de establecer modelos más exhaustivos de por qué el hombre se comporta de la manera en que lo hace, qué tipo de influencias recibe y cómo funciona exactamente este proceso.

Pese a esto, resulta llamativo que un vistazo por recientes incursiones en el tema revele sólo propuestas que se dedican a evadir sistemáticamente el tópico más transversal: la Cultura.

Del mismo modo en que sería absurdo tratar de entender el funcionamiento de un aparato eléctrico leyendo un manual de cocina, o familiarizarse con las complejidades biológicas de los seres vivos tan sólo observando una pintura, hablar de los mecanismos que moldean (consciente o inconscientemente) al individuo y no hacer referencia a la Cultura pareciera algo un tanto extraño, por no decir sospechoso.

Libros titulados sugestivamente “Situations Matter: Understanding How Context Transforms Your World”(3) o “The Power of Habit”(2) intentan un enfoque centrado en aquella dimensión omnipresente pero ignorada que de una u otra forma influye en nuestras decisiones (“the world around us is constantly pulling our strings, coloring how we think and guiding how we behave. And yet we rarely notice”). Sin embargo, a través de la cita de estudios y experimentos realizados por sus pares, muchos de estos autores delinean patrones de comportamiento supuestamente aplicables a una gran mayoría que en esencia terminan siendo relatos descontextualizados y aculturales.

Esta asepsia interpretativa muchas veces se lleva a cabo refugiándose en explicaciones de índole psicoanalítica o biológica, evitando ahondar en la clara traza cultural que las distintas situaciones exhiben. Resulta más confortable diluir la idea de una fuerza hegemónica que nos impacta desde chicos y que está presente en cada circunstancia, hablando de “efectos ambientales” o “contextos” específicos (laboral, amoroso, familiar, etc.) que afectan al individuo y sus reacciones. O para el caso es más fácil recurrir a la explicación de que entender el funcionamiento de los “hábitos” puede ayudarnos a “recablear” nuestras cabezas y vivir mejor.

Es así que las ideas de estos autores -como de otros que les preceden en esta moda editorial que mezcla iguales dosis de autoayuda y psicología- se vuelven demasiado generalistas y simplificadoras, un “fast-food intelectual” para aquellos que no tienen demasiada intención en profundizar y ser críticos con la realidad.

La posibilidad de reconocer como campo de análisis (y por ende de acción e incidencia concreta) a la Cultura se muestra como una opción prácticamente inexplorada, con pocos aventureros dispuestos a embarcarse en tal empresa.

Pese a esto, en la medida en que más y más se animen a incursionar en estos territorios, tal vez no sólo se haga perceptible lo que insólitamente parece invisible, sino que también se descubra el malentendido sobre la verdadera rentabilidad de esta hazaña.

(1) “El mundo necesita personas que se puedan hacer cargo de su individualidad en un sentido completo, construyendo su propia auto-cultura” Diálogo con Carlos Lavagnino. https://www.riorevuelto.org/site/inde…

(2) The Power of Habit and How to Rewire Our “Habit Loops”
http://www.brainpickings.org/index.p…

(3) ‘Situations Matter: Understanding How Context Transforms Your World,’ by Sam Sommers
http://www.washingtonpost.com/entert…

Riorevuelto
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