Arreglos “LAT”, ¿últimos coletazos de un modelo en crisis?

Por Laura Marajofsky

Como bien indica la editorial de Clarín publicada la semana pasada, el fenómeno de los LAT (del inglés Living Apart Together), es decir las parejas que deciden vivir en casas separadas, no es nuevo. Lo que sí es novedoso, es la creciente aceptación social que está teniendo esta modalidad.

Al igual que con los “singles” en su momento, ya resulta familiar la sintomática respuesta de esta cultura en la que ante el cuestionamiento de facetas más tradicionales se intenta negar u ocultar una discusión… hasta que ya no queda más remedio que abrir el diálogo, un poco empujados por las circunstancias de época.

De este modo, tal vez algunos se desayunen con que el fenómeno LAT ya no es patrimonio exclusivo de los EEUU, y que según la última encuesta anual de hogares de la Ciudad de Buenos Aires en los últimos treinta años ese tipo de hogares casi duplicaron su participación. Al mismo tiempo, se estima que en Inglaterra una de cada diez personas tiene esta clase de arreglo y que en los EEUU 3.5 millones de parejas asumen este estilo de vida (un dato más actualizado que el ofrecido por Clarín que responde el censo de 1990).

Algo curioso es que aquellos que se deciden por esta modalidad no son sólo parejas que han tenido largos matrimonios y que recurren a esta medida para oxigenar la relación o para evitar el divorcio. Según el Economic and Social Research Council que se dedicó a estudiar los arreglos LAT en Inglaterra, una proporción nada despreciable dentro de este conjunto eran menores de 35 años (un 61%).

Indagando en algunas de las motivaciones detrás de esta tendencia, uno de los argumentos más escuchados tiene que ver con la intención explícita de evitar el desgaste y la rutina que vienen aparejados con la “convivencia absoluta”. Casi podría pensarse como una medida preventiva ante el paso del tiempo y el acostumbramiento, un aspecto clave que abre toda una gama de interrogantes en torno a las estrategias de auto-preservación de la pareja, los grados de libertad en la misma y la articulación virtuosa con las nuevas dinámicas urbanas (trabajos más demandantes, numerosas actividades, conectividad continua, etc).

A su vez, recorriendo el abanico de matices que va desde los modelos más tradicionales hasta llegar a los arreglos LAT, una subtendencia pintoresca que quizás podría ser considerada una antesala a esto, es la de las parejas que viven juntas pero no comparten cuartos. Así, respaldados por estudios que indican que la calidad del sueño disminuye considerablemente al compartir el lecho, y haciendo prevalecer un espíritu práctico a la hora de dormir, muchos eligen tener dos cuartos en la misma casa. Sobre esto comenta David Randall en su reciente libro “Dreamland: Adventures in the Strange Science of Sleep”: “Architects and construction companies surveyed by the National Association of Home Builders predict that by 2016 more than half of all new custom-built homes in the United States will have separate master bedrooms.” (http://www.salon.com/2012/08/14/separate_beds_are_liberating/?source=newsletter)

Si bien se hace patente lo difícil que es discutir ciertos temas, y probablemente recién se esté tocando la punta del iceberg de lo que implica un debate profundo sobre la pareja, es sin dudas positivo encontrarse con una mayor difusión de noticias como ésta. De hecho, el camino recorrido puede rastrearse observando el lugar que fue ocupando el fenómeno LAT en los medios durante la última década, pasando hace unos cuantos años de ser referenciado fundamentalmente como una excentricidad aislada en secciones como “Home and Garden” (http://www.nytimes.com/2006/05/04/garden/04lat.html?pagewanted=all), a figurar como apostilla en la tapa del diario dominical y ser discutido en la sección “Sociedad” (http://www.clarin.com/sociedad/parejas-deciden-vivir-casas-separadas_0_947305363.html). Quién sabe, quizás para dentro de unos años aparezca en primera plana con un titular completo…

Riorevuelto
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