Paternidad 2.0: una renuncia anunciada

Por Laura Marajofsky

La complejidad llegó para quedarse, así que mejor ir acostumbrándose. En este contexto variable y desestabilizante para muchos, resulta interesante observar los nuevos enfoques a la paternidad que están empezando a aparecer y que dan cuenta del desconcierto generalizado. Es así que si en algún momento el lugar común para los futuros padres era leer libros y blogs para estar preparados, hoy la reacción parece ser pendular, y quizás cediendo ante la complejidad intrínseca de la tarea planteada empiezan a surgir respuestas más del tipo “relájate y haz lo que puedas”.

Desde el libro “Parentology” (http://www.nytimes.com/2014/03/16/books/review/dalton-conleys-parentology.html?_r=0) Dalton Conley, quién define su estilo de crianza como “jazz parenting”, aboca por un modelo de paternidad más convenientemente improvisacional con cierto tinte hippie, y consejos tan absurdos como nombrar a tus hijos con nombres exóticos para reforzar su control de impulsos (su hija se llama “E” por ejemplo). Como para terminar de lavarse las manos Conley se escuda en el determinismo genético para justificar los posibles errores en la crianza, al fin y al cabo lo que tenía que ser será (“Si las chances de éxito de mis hijos están ampliamente determinadas por el ADN que su madre y yo les hayamos pasado, todas las cosas que haya hecho para arruinarlo probablemente no van a importar demasiado al final”).

Y si pensaban que éste era el único ejemplo de paternidad “inorgánica” (en el sentido de algo poco estructurado), conozcan a Bea Marshall, una madre británica cuyo enfoque autodenominado “Yes parenting” implica básicamente una falta total de límites hacia sus hijos y decir siempre “sí” a todo. Marshall se excusa diciendo que con anterioridad había sido una madre demasiado estricta, si es que podemos creerle (http://www.dailymail.co.uk/femail/article-2598889/Would-let-children-stay-late-cut-wires-swear-Meet-woman-never-says-no-kids.html).

Marshall y Conley son sólo la punta del iceberg, dos ejemplos visibles de cómo muchos padres hacen frente a la situación casi inviable en la que se ha transformado la paternidad moderna. Quizás la vuelta de tuerca recaiga ya no en regodearse en el hecho de ser un mal padre, como veíamos hace unos años (recordemos aquellos blogs confesionales escritos por “slacker moms” o libros como el irónico “Go the Fuck to Sleep”), sino en disfrazar la resignación y concesión actual como una postura “liberal”, “abierta” o hasta un acto de amor hacia los hijos. La resultante de estas dos actitudes puede ser la misma, pero la predisposición detrás es claramente distinta y responde a un cambio de estrategia.

Para cerrar les dejo una frase de Jennifer Senior, autora del libro “All Joy and No Fun” en el cual se indaga acerca de por qué la experiencia de ser padres se constituye en una fuente de displacer para muchos, y cómo se han revertido significativamente los roles de autoridad dejando a los adultos muy mal parados. Según Senior uno de los mayores temores de los adultos es no tener control sobre las vidas de sus hijos, o más bien, no poder asegurarse que el “resultado” de este experimento de época en que se ha convertido la paternidad vaya a ser exitoso (http://www.slate.com/articles/life/books/2014/02/jennifer_senior_s_all_joy_and_no_fun_reviewed.html)

“Cómo uno cría a su hijo es hoy una de las últimas formas en las cuales uno puede probar su valía moral. Esto es mucho poder (y mucha responsabilidad) para cederle a un chico. (…) Los padres se encuentran deseando que sus hijos los quisieran más o al menos los trataran con respeto. Pero si tu hijo resulta un maleducado, es tu culpa”

Pese a que lo que dice Senior me resuena, lo cierto es que si de control se trata, pareciera más adecuado pensar que en la lucha por el mismo los padres antes que preocuparse por el eventual “outcome”, están empezando a entender la poca posibilidad de incidencia que realmente tienen sobre las vidas de sus hijos.

Otros materiales sobre este fenómeno: “Los chicos crecen antes y los padres están desconcertados”
http://www.clarin.com/sociedad/chicos-crecen-padres-desconcertados_0_1136886343.html

Riorevuelto
Riorevuelto
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  • Ciertamente no he leído (y creo que después de esta entrada tampoco lo haré) el libro de Dalton Conley, y tampoco me imagino buceando en el "yes parenting".

    Pero hablando de tendencias, inclinaciones, o simplemente de buscar la mejor ola para surfearla tranquilo, bastantes jóvenes aquí, en el fin del mundo, en muchos recitales cantan junto a Las Pastillas del Abuelo esta letra que no me encaja como escenario de una guerra filial:

    En su escala de valores
    él pone siempre primero
    sobre todo la importancia
    de un corazón entero
    Bien parado o en la lona
    hay que ser buena persona
    dice aquel que a mi me guía
    noche a noche y día a día
    a él la vida le dio todo
    y él le devolvió el doble.
    De movida ofrece el codo
    y un corazón puro y noble.
    Lo juro por mi pellejo
    para mi: Dios es mi viejo,
    para mi: Dios es mi viejo
    (LPDA – Viejo)

    Es real que se me podrá decir: "muy lindas estas palabras…. Pero ¿irán acompañadas de hechos concretos?…" pues bien yo no lo sé, como tampoco se si Bea cuando sus niñas le piden poner el gato en el microondas lo hace sin negarse.

    Pero más allá de todo esto, cuando leo: "…hacen frente a la situación casi inviable en la que se ha transformado la paternidad moderna…" o "…la merecida pesadilla en que se ha convertido la crianza para los post padres…" me pregunto que si nos planteamos desafiar a la muerte y salir victoriosos, explorar los confines del universo, adentrarnos en la aventura de descubrir el sentido de la vida propia, gestionar el hábito de una alimentación saludable y sostenible en el tiempo, propiciar iniciativas de vida regenerativas y cosas por el estilo, no entiendo que la paternidad sea un callejón sin salida, una pared imposible de atravesar.

    Me pregunto sin no hay una forma "estructural y orgánica" de ejercer la paternidad, si como muchas otras opciones humanas, cuya gestión actual está viciada, no es posible rescatarlas en lo que tienen de noble y ejemplar (me imagino, por ejemplo y sin intención de agotar la lista: la amistad como vínculo entre humanos, el trabajo como la aptitud para modificar el entorno, el aprendizaje como vehículo de exploración de situaciones nuevas), me suena contradictorio que creamos posible algo que en toda la historia humana nunca se dio hasta hoy (la inmortalidad) y nos parezca inviable un hecho tan natural -al punto que todos los seres humanos existentes han surgido de ahí- y para el cual venimos biológicamente dotados como es la maternidad y la paternidad.

    Me complica un poco establecer el límite donde lo considerado inviable se convierte en lo más importante e inclaudicable, es decir nuestra vida.

    15 de mayo de 2014 at 3:15 pm
  • Hola Dani! Bueno, voy a tratar de responder algunas de las cosas que planteás.

    Con respecto al tema de cuán verídico o comprobable es este enfrentamiento generacional del que hablás (si bien el eje de mi post no era precisamente este), me parece que hay que remitirse a observar con más detenimiento fenómenos que todos podemos identificar como la forma en que padres e hijos se comunican (o no lo hacen) hoy en día, las crecientes tensiones a raíz de luchas de poder por diferencias patrimoniales (básicamente Boomers vs el resto), los casos de chicos medicados, y sobre todo un abismo cultural que se viene abriendo en los últimos años entre adultos y adolescentes. Por nombrar algunas cosas. Digo, independientemente de que podamos encontrar alguna letra que idealice la relación padre-hijo, o casos (que seguro los hay) de padres que se lleven fantásticamente bien con sus hijos, no me parece una idea descabellada la de la guerra filial.

    Me interesa más discutir tu interpelación de si es posible imaginar una paternidad virtuosa, o incluso, si no deberíamos a la luz de otros desafíos planteados encontrar una solución o una viabilidad para este dilema moderno. Yo creo que como se discutía el jueves pasado todo recae en la inteligencia y estrategia con la que uno selecciona sus batallas. Quizás sea factible, en algún estado de situación que me cuesta visualizar, ejercer la paternidad de forma más estructural… pero también es cierto que la época te propone distintos desafíos, algunos más orgánicamente alineados con las vacancias y posibilidades latentes.

    Dejemos que los abogados de la Cultura Central se preocupen por explorar las distintas formas en que se podría ejercer mejor esta opción de vida, de un menú que todos ya conocemos, prefiero que aquellos que se aventuran a nuevos territorios se planteen otro tipo de preguntas.

    Y en este sentido, lo "natural" no necesariamente implica viabilidad cultural, que creo que es de lo que estamos hablando realmente (ya que padres sigue habiendo y habrá). Que algo sea o haya sido natural durante gran parte de la historia humana no le concede, o no debería, condición de nobleza, valor o un desafío intrínseco. Por suerte nuevas corrientes como por ejemplo la epigenética vienen a relativizar lo dado y heredado.

    Finalmente me pregunto…si nos quedáramos tan tranquilos validando lo natural o aquello para lo que estamos "biológicamente dotados", ¿habrían surgido determinadas ideas revolucionarias o cambios significativos en la humanidad?

    pd: por cierto que cuando me citás decís que hablo de "pesadilla merecida…" y jamás dije eso en mi post eh… jaja

    15 de mayo de 2014 at 7:00 pm
  • Daniel (el errante del 29)

    Visto lo avanzado de la hora, solo dos pequeñas respuestas:

    a)No planteo quedarse tranquilo validando lo natural, es más, las palabras usadas hablan de un búsqueda, un movimiento.

    b)Lo de "pesadilla merecida" es de un correo electrónico del Inefable Carlos L.

    15 de mayo de 2014 at 7:52 pm
  • Buenas tardes.

    Con respecto a la guerra filial, cuando modelamos esta historia lo que se plantea es que el contexto en el cual buena parte de los padres llega a la decisión de tener hijos está signado por la fenomenal presión de la Cultura Central para lograr la naturalización de esta opción, sumado a un conjunto de desequilibrios propios del fracaso estructural en el cual se ha convertido la adultez contemporánea.

    En mi opinión esto genera un velado resentimiento de padres hacia hijos, que no implica de ninguna manera la inversa. De hecho, si hay algo que todavía no alcanza a vislumbrarse es una contestación intergeneracional, y esto quizás sea así debido a que la ofensiva de los padres se manifiesta de una manera que podríamos llamar "guerra dulce".

    Al no asumir los trances "amargos" de la educación (establecimiento de límites, intervenciones poco fáciles, etc.), buena parte de los padres contemporáneos generan altos costos a futuro de su cría, más allá que desde la perspectiva de los hijos sin límites esto es difícil de visualizar en tiempo real.

    En el ejemplo de la nota de Clarín, no parece criterioso pedirle a una nena de 8 que perciba la profunda perversión del regodeo de su madre cuando ostenta su patética falta de control ("Toma las decisiones, no negocia y se planta").

    ¿Cómo evolucionará la vida de esa nena? ¿En algún momento, de chocarse feo contra alguna circunstancia, volverá su mirada crítica hacia el momento de su crianza y su relación con su madre? Es difícil saberlo ahora, pero por el momento la generación Millenial no parece aprestarse para ninguna batalla, dopada todavía por la euforia del efecto "hora libre".

    Con respecto a la posibilidad de pensar opciones orgánicas de paternidad, un ejercicio valioso en cualquier caso, creo que habría que comenzar con un doble paso: el desmalezamiento de inercias y creencias que permita contemplar su ingeniería de manera límpida, apreciar cada faceta de su significativo diseño.

    Sumergirse en la arquitectura de la "función de la descendencia" probablemente arroje visuales de un encastre perfecto, como ninguna de las otras instituciones de la Cultura Central mencionadas (trabajo, educación, alimentación), con la negociación más álgida que puede emprender un ser humano con su propio tiempo: el alcance de su vida.

    Desde el comienzo de los tiempos, tanto a escala global como en la vida de una persona, la Cultura Central enarbola la estructura de la descendencia como un sufijo implacable, cantado, ante la enunciación del axioma de finitud. Causa y efecto, dos piezas que giran y hacen click.

    Pero ese mismo encastre, ese acople perfecto es el que, ante una progresiva revisión de los alcances posibles de la vida de un ser humano, comienza a tironear y estremecer esa arquitectura ancestral.

    Y es que, ni toda la estadística presente y pasada del mundo puede detener el avance lento pero inspirado de la imaginación, de lo que podría ser, de lo que querríamos y deberíamos ser más allá de los límites se apresuraron a ponernos.

    El mundo es un crisol de carriles atravesados sin cesar por una esquizofrénica máquina del tiempo. Mientras doscientas niñas son secuestradas en Nigeria por ir a la escuela, mientras en Teherán manifiestan contra la exposición de las cabelleras femeninas, más y más individuos en el mundo se van cuestionando silenciosamente el plan de vida pautado. En particular, más mujeres se animan a rebelarse contra el bestial mandato de quebrar el eje de su propia vida para procrear.

    Los pliegues del tiempo vuelven, como evidencias de un crimen irresuelto. ¿Quién me enseñó esto, cuándo fue que me resigné a pensar así? ¿Qué visión de mundo me vendieron cuando tenía 8 años? ¿O 20?

    Y una vez que empieza ese proceso, ¿dónde está el límite? ¿Debería haberlo?

    18 de mayo de 2014 at 4:40 pm
  • Buenas noches, qué alegría estrenar este espacio!

    Me encuentro sumamente dicotómica respecto de lo que se está debatiendo. Seguramente tiene que ver con mi carácter de novata en RR, asi que les voy a contar…

    Tengo en este momento al diablito y angelito de los dibujos animados, a mi izquierda y derecha, dictándome lo que debo o no pensar.
    Estos personajes representan a la Cultura Central (CC en adelante) por un lado, y a "lo otro", "lo nuevo", "lo que cuestiona" (LC en adelante). Y veo a ambos intercambiando sus papeles todo el tiempo, ambos siendo angel y diablo.
    Entonces, leyendo lo que se debate, se desatan las preguntas, citando a Charly "¿Quién me enseñó esto, cuándo fue que me resigné a pensar así?". Aún teniendo en cuenta que la idea de procreación es muy débil en mí, me resulta sumamente complicado dejarla de lado por completo. Es un constante ir y venir, entre lo que me dice la CC y LC, (básicamente porque hace 31 años que sólo escucho a la CC, pero este nuevo personaje se las trae…).

    La cuestión es que la CC tanto no debe haber penetrado en mí, porque no habría lugar para preguntarme, y preguntarles, ¿cuáles serían los motivos válidos para decidir ser padre?

    Acá, en esta fría noche, la CC me dicta algunas respuestas:

    "Las ganas". Yo digo que no.
    "Dejar descendencia". No.
    "Sentirte realizada". NO.

    ¿Entonces? Necesito que me ayuden a desenmarañar, ¿por dónde se puede empezar a pensar esto? ¿Cómo ir por un camino inteligente, alejado de todos esos motivos que da la CC?

    19 de mayo de 2014 at 11:40 pm
  • Daniel (el deferente)

    Me cuesta pensar que la inclinación hacia la procreación, para lo cual estamos preparados biológicamente como en tantos otros aspectos, sea vista como fruto de la "fenomenal presión de la Cultura Central" ¿por qué no aplicar ese esquema de análisis para la comunicación, la enseñanza, el trabajo, etc.?

    Sigo pensando que hay un equívoco en ver al ser humano con una mirada favorable, que puede incursionar por cualquiera de las áreas del conocimiento, emprender las empresas más osadas, para lo cual está provisto de características de decisión y autocontrol importantes, hasta que decide incursionar en la procreación, allí empiezan a explotar la incapacidad de fijar límites, la falta de control, etc.

    Tal mecanismo mental me parece forzado, es decir pensar a un sujeto equis, como un trabajador creativo, que toma riesgos, que fuera consecuente con su palabra, fiel a sus amigos, preocupado realmente por tener una alimentación sana y sustentable, inconformista con la masa, amante de la independencia y cosas así, y que de repente toma la opción de tener un hijo y automáticamente su sistema de decisiones colapsa y comienza a tramar su "guerra dulce" contra sus hijos.

    Me es más congruente pensar que, si este sujeto está provisto de todo ese conjunto de formas de ser, ejercerá su paternidad dentro de esos márgenes, y si, por el contrario, lo vemos como un padre ausente, complaciente, resentido, etc., seguramente podremos, a poco de analizar sus conductas anteriores, detectar en los otros ámbitos donde se desempeña la semilla de dichos comportamientos.

    También me gustaría explorar un aspecto a mi modo de ver interesante: Haciendo un ejercicio de ficción literaria, suponiendo que de la noche a la mañana se cancela la posibilidad de descendencia, quedaríamos a merced de que alguno o algunos de los 7.000 millones de personas que existen hoy encuentre o conciba la solución al problema del envejecimiento, la decadencia mental y posterior muerte.

    Preguntada que fuera la red acerca de cuanta gente muere por año en el mundo, en varios sitios ponen una cifra de alrededor de 55 millones (ciertamente no se de donde sacan el número, aunque es común citarlo), si vamos sustrayendo esa cantidad a la cifra inicial, en cien años (cálculo generoso) habría sobre la tierra 1.550 millones de personas, pero las personas dedicadas a la búsqueda de una solución, es decir las que hoy están en el tema, pueden estar vivas pero no activas.

    Se me dirá que a medida que baja el número de personas y frente a límite de sus vidas, se incrementarán los afanes y recursos dedicados a esta lucha, puede ser, pero este método se me asemeja mucho al viejo sistema de enseñar a un chico a nadar empujándolo en la pileta, algunos aprenden … muchos otros no.

    Siguiendo con las hipótesis fantásticas (querían imaginación…. aquí la tienen) si pudiera ir hacia el pasado y, cual nueva versión de "Volver al Futuro" encuentro a mis padres antes de que se conociesen, ¿debería dejar que se diera el encuentro, para que yo pudiera nacer? ¿o debería impedirlo en aras de mis ideas de no procreación, aunque esto me cueste la vida, más allá de lo irresuelta que es esta vieja paradoja?

    Antes de clausurar la entrada de nuevas personas al juego de la búsqueda de la inmortalidad, me parece que habría que tener asegurada la victoria sobre la muerte, sino podríamos impedir que nazca la persona que tenga la posibilidad de gestar la solución, en tal sentido el viejito "Jasper Beardley" de Los Simpson, en el capítulo 195 nos da una lección acerca de no lanzarse a la pileta sin saber nadar, el entra a un congelador del mercado de Apu con una nota que dice así: "Descongélenme cuando las esposas androides sean baratas y efectivas", parafraseando ese escrito, yo pondría: "Acaben con los nacimientos cuando la inmortalidad sea barata y efectiva"

    En tono más serio, adhiero a lo expuesto en los tres últimos párrafos del escrito de Carlos, pero también me pregunto, porqué poner la disyuntiva de hacerse todos esos planteos o, en contraposición, seguir con los mecanismos de procreación, como sino fuera posible procrear y hacerse todos esos planteos.

    Finalmente, recién leí la entrada de Laura y estoy de acuerdo con sus planteos, lo único que me surge en disidencia con sus ideas es que sobre este tema no encuentro posibilidad alguna de objetar una decisión personal en tanto que en ella intervienen demasiadas subjetividades y esta bien que así sea, para mí el problema no es si uno quiere o no tomar un camino, sea cual fuere este, sino que se quiera cerrar el camino para todos los demás.

    (Nótese mi deferencia al no postear el mismo jueves, sobre la hora de la reunión cual un Ginóbili que lanza su tiro a un segundo de la chicharra final)

    20 de mayo de 2014 at 3:25 pm
  • Dani, reafirmo que la llamada por vos "inclinación a la procreación" es algo fundamentalmente cultural! Que estemos biológicamente preparados es otro tema, pero si la misma evolución que utilizó el ardid del impulso sexual para promover esa estrategia específica de continuidad de la especie, después se despierta un día en una coyuntura – como la actual – en la cual la sexualidad y la procreación han sido felizmente despegadas, en la cual hasta mitos como el del "instinto materno" han sido duramente desautorizados, hay que bancársela; queda claro que la Cultura Central (CC) es la que se sigue encargando de promover la procreación, parcialmente obligada a prescindir del mencionado acople.

    En definitiva, hay una realidad que no deja de ser sorprendente y es el hecho de que, tanto en este como en otros temas, esta es una época que no ha tenido más remedio que permitirle al individuo que defina su propia vida más allá de disponibilidades biológicas o ancestrales recetas de especie.

    Antes de proseguir con lo que considero más interesante para discutir, dos pequeñas salvedades.

    Primero, quizás suene duro, pero es absurdo pensar en la eventual escasez de seres humanos en un mundo superpoblado y "súperclonado"! El problema es exactamente inverso, no se sabe si la humanidad podrá sobrevivir con tanta gente! Interprétese con buena onda: sobra mucha gente. Mucha. La humanidad podría tener la milésima parte de la población actual antes de que tenga siquiera algo de sentido plantearse esto.

    Segundo, el jueguito de Volver al Futuro está bueno porque nos recuerda las paradojas de lo contra-fáctico, sobre todo cuando se habla de descendencia. Yo acepto discutir de estos jueguitos con gente que ya tuvo hijos a condición de que cuando hacemos retroproyección o análisis de escenarios no se les crucen los cables y se imaginen que uno quiere borrar a gente de fotos, o de ningún lado. La regla para mí es clara y a prueba de paradojas: mientras vos estés vivo, lo más importante es tu vida. Si volvieras atrás, suponiendo que podés incidir en si tus padres te hubieran concebido o no, operando con este principio estaría claro lo que harías: que te conciban para que puedas seguir existiendo hoy. Si es mala decisión para ellos (muy probable, va con onda), es secundario desde la perspectiva de la vida tuya.

    Después, en tu discurso pareciera que sigue persistiendo un análisis de lo que es una persona segmentado en campos más o menos definidos (siempre volvés a "trabajo, educación, comunicación"), y creo que una de las claves es desarmar esa estructura tan característica de la CC. No hay que dar nada por sentado. Ni el trabajo, ni la educación, ni la procreación, e inclusive tampoco la comunicación! Los atributos de la vida de cada individuo deberían poder determinarse con categorías más autónomas. Quizás, en cierto futuro, el trabajo como se conoce ahora no exista más, y no debería ser tanto escándalo.

    En el caso de la procreación, ni siquiera es un campo de un nivel de abstracción máximo. La procreación es una implementación de, probablemente, tres funciones de primer nivel, que son: trascendencia, gestión del dúo tiempo-experiencia y amor. Dejo afuera la sexualidad, porque esta, para rangos de cierta libertad y desarrollo humano, afortunadamente ya fue hackeada con respecto a este tema.

    Visto desde la perspectiva de esos niveles primarios, la procreación no es otra cosa que una estrategia puntual, por más ancestral o generalizada que parezca.

    Por eso resulta indispensable pensar desde esos niveles primarios los verdaderos motivos que empujan, aunque cada vez menos, a segmentos masivos a embarcarse en esta vía. Ahí es cuando pueden advertirse alternativas específicas que, en cada uno de los tres niveles, empiezan a desbancar la descendencia como opción orgánica razonable.

    Sacando la trascendencia, que en la generalidad cada vez interesa menos (astuto trabajo de la CC, que le quiere bajar los decibeles a ese temazo), la gestión de tiempo/experiencia y el amor representan los campos primarios en donde queda evidenciado lo que me gusta llamar el "fracaso de la adultez contemporánea". Buscar algo nuevo ante una saturación experiencial emergente, imaginar un amor que supere tantas decepciones, quizás sean las líneas de activación residual a las que apela el plan H para venderse.

    ¿Qué predicamento podría tener la procreación en un hipotético escenario de verdadera adultez regenerativa? ¿Y en un contexto de amores vitales, de apertura?

    No es fácil saberlo pero, por suerte, no necesitamos saberlo.

    Podemos sentirlo, pensarlo, elaborarlo, hoy y hacia el futuro. E ir viendo.

    PD: este Jueves no se olviden que empieza POST, la temporada oficial de 2014.

    21 de mayo de 2014 at 9:40 pm
  • Daniel (el Errante del 29)

    (Comprendan que lo escueto de mi respuesta va en proporción directa al tiempo que falta para la reunión)

    Carlos, coincidiría con vos en que la por mi llamada "inclinación a la procreación" es fundamentalmente cultural, si por fundamentalmente entendemos que contiene otros componentes, se me ocurre que podríamos rastrear diferentes grupos humanos, radicalmente distintos (pienso en los humanos de la Mesopotamia, en los aborígenes de Australia, los primeros habitantes de América, etc.) y por ende me cuesta pensar en "cultura central común" y sin embargo gestan comportamientos procreativos que vistos muy desde afuera y con una óptica propia de un novato en la materia, parecen similares. Eso me lleva a pensar que hay algo común y orgánico.

    Sobre la cuestión de la paradoja temporal, primero tranquilizo: no se me cruzan los cables (igualmente en venganza en cuanto pueda mandaré un robot asesino al pasado para que impida que nazcas, estoy viendo un T-800 pero si puedo me estiro hasta un T-1000 que son más eficientes). Ahora sí, la capacidad explicativa de la respuesta se mengua en tanto que ella depende del observador, es decir si el asunto es sobre mi vida, el consejo a mis padres es uno y si es sobre la vida de otra persona, el consejo que le daría a sus eventuales padres, sería otro.

    Por último, mi análisis segmenta a la persona en campos más o menos definidos por cuanto casi siempre me topo con una mirada sobre la paternidad (o la maternidad) que hace hincapié en los desaciertos de sus actores, los desproporcionado de sus comportamientos y la incapacidad de gestionar dicha tarea, pero no se hace mención (entiendo que como se basan en testimonios externos fundamentalmente gráficos es difícil esta mirada global) a como era la vida de esas personas en otros ámbitos.

    Apuesto que la vida de estas personas tiene los mismos defectos y virtudes que son señalados en su ejercicio paternal, es decir si bien muestro los diferentes campos, en el fondo lo que postulo es que una persona mantiene sus maneras de afrontar su vida (sea esta en lo referente al trabajo, o aquello que lo reemplace, los afectos, o aquello en lo que se transforme, el estudio, o lo que sea que en el futuro ocupe su lugar, etc.) de manera coherente, y si tiene algún hecho que lo transforma en profundidad, aplicará su nueva manera de encarar las cosas a todo.

    Es decir tengo una mirada unitiva de la vida.

    22 de mayo de 2014 at 5:22 pm
  • Releyendo la secuencia de comentarios, veo que hay algo que a mí entender (aunque sé que Char me lo va a discutir) se está dejando por la tangente, que es la posibilidad de hijos regenerativos.

    Entiendo que el punto sería que bajo determinado paradigma cultural independiente procrear no tenga sentido. Que presenta un conjunto de variables poco conducentes a lo estructural. Pero si nos aventuramos a pensar tantas cosas que parecieran inconcebibles al ojo promedio, ¿no podemos imaginar, por el juego filosófico, una manera en la que un individuo pueda tener un approach inteligente a este tema? Me imagino que de todos los desafíos, el de poder inculcarle a otra persona que tanto absorbe de uno maneras diferentes de pensar no es inútil.

    En el estado actual, probablemente no, pero ¿podrían existir los "hijos del futuro"? ¿Que reúnan todas esas características y no atenten contra la vitalidad de sus padres y la propia?

    No sé, digo…

    22 de mayo de 2014 at 5:24 pm
  • 1) Cultura o no. La evolución habilita una disponibilidad, y sobre ella la cultura gestiona. Cuando desde lo cultural se encuentra una vía alternativa para gestionar esa disponibilidad biológica, ese acto convierte en cultural todo ese ámbito. Cuando, seguramente hace miles de años, el primer hombre que se rebeló contra el uso heredado de la disponibilidad de descendencia logró plantarse y tener una vida solvente distinta, demostró, en silencio, que el uso conocido hasta ese momento de la posibilidad de procrear no era otra cosa que eso, un uso posible y conocido. Y si es una posibilidad, es Cultura. Lo que decís de los aborígenes y demás no cambia un ápice el asunto. Serán subculturas en las cuales se habrá explorado más limitadamente el abanico de posibilidades, y quizás aquellos que se apartaban un poquito de la norma, no llegaron a colarse en la programación del History Channel porque los bajaban de un hondazo.

    2) Por supuesto que la anécdota de Volver al Futuro es dependiente del observador. ¡Y es la idea! Que cada uno se pare desde la perspectiva única de la defensa de su sistema vital.

    3) El problema con pensar que "la vida de estas personas tiene los mismos defectos y virtudes que son señalados en su ejercicio paternal", es que pretende disociar la "performance de vida" respecto del tipo de instituciones que se eligen para implementarla. Pero, en realidad, un análisis crítico de cultura lo primero que tiene que hacer es vincular la performance con los niveles de decisión más trascendentes del individuo, en particular, la elección auto-cultural de los modelos que rigen a esta persona. Podría pensarse que una persona no es un piloto de F1, sino que es una escudería. Si el piloto de esa escudería es hábil técnicamente, pero su equipo eligió mal el diseñó del auto, o no es eficaz en su asistencia o mantenimiento, probablemente esa escudería pierda. Y eso ocurrirá porque en todo análisis de performance no se puede prescindir de la inclusión de los niveles de mayor nivel de abstracción y condicionamiento. La emancipación auto-cultural, de esta forma, quizás se postule como la virtud más preciada, que pueda evitar que otras virtudes más específicas se malogren.

    4) Vinculado con esto último, y retomando la propuesta de Vicky, emergen dos discusiones diferenciadas. La primera, que se llevó hasta ahora la mayor parte del intercambio, es la discusión acerca de la calidad competitiva de la paternidad como opción de gestión de trascendencia, experiencia-tiempo y amor. La segunda es un ejercicio diferente: dentro del cluster de la descendencia, ¿habrá chances de encontrar versiones orgánicas, independientes, por así decirlo?

    Yo quiero aclarar que nunca negué que esto fuera posible. Pero, precisamente, para poder estudiar esas posibilidades, venía bien desarrollar la otra discusión, ya que nos permitió avanzar con una visión comparativa estructural del modelo clásico.

    Y esa descripción vincula tan fuertemente el origen y evolución de la paternidad con el "desarme" de la vida y su clausura, que pensar en una versión regenerativa y de "apertura" se asemeja al desafío técnico de fabricar un extinguidor de incendios a base de nafta.

    De todas maneras, en tren de hipotetizar casi lúdicamente, me imagino que los desafíos de diseño serían dos:

    Primero, lograr un proceso de descendencia que no "quiebre" emocionalmente a los padres, en particular, en donde no haya cesión de prioridad vital, un tabú muy mal resuelto por la CC que lo ha convertido en lisa y llana irresponsabilidad (guerra dulce).

    Segundo, una ultra-solvencia integral, es decir, una gran capacidad de los padres que les permita emprender esta faceta sin hacer mella en la gigantesca demanda de recursos de todo tipo que demandan las aventuras que SÍ tienen sentido estructural. Es decir, la Independencia es un desafío de proporciones tan notables, que la idea de sumarle el adicional de la crianza debería ser ponderada con mucha suspicacia.

    Y esto último me lleva a pensar que, en la medida que podamos visualizar más y más específicamente los desafíos propios de la innovación vital, la insondable gama de nuevas situaciones que aguardan ser descubiertas, menos necesidad tendremos de adosar, quizás forzadamente, instancias de otra época, ecos de hábitos caducos, que surgieron para resolver problemas que podemos tener la esperanza de no tener.

    26 de mayo de 2014 at 9:04 pm
  • Daniel (el regenerado)

    Sobre el primer punto, diría, como en muchas películas de juicios, que podríamos escuchar al abogado de la parte contraria decir: "Objeción, no es posible saber si hace miles de años existió un caso de un hombre que se rebeló contra el uso heredado de la disponibilidad de descendencia y, encima, pudo tener una vida solvente distinta…"

    Respecto de la solución "casuística" de la paradoja temporal, estoy más de acuerdo que en desacuerdo con la observación planteada por Carlos.

    Luego, me entrego de pies y manos a la fabulosa imaginería visual del ejemplo automovilístico propuesto por Carlos y desde ella respondo que me sigue costando ver acciones u elecciones de esa escudería que no puedan rastrearse en el "ADN cultural" de la misma.

    Es decir que sí, vinculo la "performance de vida" respecto del tipo de instituciones que se eligen para implementarla, solo difiero en la idea de que siempre es un hecho nuevo y fundante, no niego que puedan ocurrir acontecimientos que generan una hendidura de tal magnitud en la historia vital de la escudería que obliguen a una asunción de caminos radicalmente diferente a su devenir histórico, pero me parece que lo normal es que uno tiene una "forma" de encarar decisiones que establecen un hilo conductor, imprimen una huella que es detectable.

    Volviendo al ejemplo inicial de todo este intercambio, la frase aplicada a su hija acerca de que "toma las decisiones, no negocia y se planta" seguro tiene, como los terremotos, "réplicas" en otros ámbitos de la vida de esa madre, esta manera de gestionar la procreación es muy probable (ya estoy escuchando: "Objeción….") que responda a su modo particular y específico de procesar las decisiones, de asimilar la información del exterior, de plantarse ante los aspectos considerados riesgosos de una situación, de su "miedo" a equivocarse, de la evaluación que hace de sus recursos y capacidades, etc.

    No hay fruto sin árbol, ni árbol sin raíces, ni raíces sin interrelación con el medio en que está plantado.

    Por último me sumo a la posición que le parece posible y hasta interesante, la exploración de la versión orgánica de la descendencia.

    La imagen del extinguidor naftero, más allá de recordar que a veces en algunos incendios en bosques se realizan fuegos controlados -por muy paradójico que resulte- para apagar el fuego principal, me parece singularmente lograda y simpática, pero volviendo sobre los dos desafíos de diseño que se plantean en el comentario, sin negarlos ni minimizarlos los creo realizables.

    Si la cosa va de conquistar el insondable universo, acometer aventuras con sentido estructural que requieran una gigantesca demanda de recursos de todo tipo y cosas por el estilo, creo que, siguiendo el conocido lema: "Quien puede lo más, puede lo menos", si lo anterior es posible, y además deseable, es posible acometer la épica de una gestión orgánica de la descendencia, en especial porque a diferencia de las otras tareas, en esta contamos con varias ayudas: tenemos multitudes de ejemplos de qué cosas no hay que hacer, sabemos de los muchos caminos que conducen a calles sin salida y esto me parece que aporta algunas facilidades que los otros emprendimientos carecen.

    Además, en el planteo del requerimiento de una "ultra-solvencia integral" que asegure la certeza de tener recursos para dar abasto a los ingentes recursos necesarios para la exploración de estas aventuras estructurales, sumado a lo innecesario de adosar instancias de otra época, ecos de hábitos caducos surgidos como solución de problemas que, tal vez, más adelante no tengamos, me parece que siguiendo este argumento, parecería que tenemos combustible para una sola opción y, sin embargo, creo, como muchas veces se ha dicho en este sitio y en las reuniones del Club, que el desarrollo de modos de gestionar "orgánicos" y "estructurales", no solo nos dan más chances de lograr el objetivo, sino que además tienen una característica regenerativa, una suerte de doble acción de logro y recarga, por eso pienso que una buena gestión de la descendencia no solo nos posibilitará procrear mejores personas, sino que también nos dejará con más energía que al comienzo del emprendimiento.

    28 de mayo de 2014 at 4:00 pm
  • A lo que voy con lo de la primera rebelión, es que en el momento en que esta haya ocurrido (o esté ocurriendo), se aplica el razonamiento enunciado. Si vos pensás que nunca nadie lo hizo (o lo está haciendo), me parece disparatado y fácilmente refutable: por vía privada te puedo aportar algunas identidades concretas 😉

    Tema escudería: el hecho de que lo normal, o más probable, sea la continuidad histórica de las identidades, no invalida que sea factible y muchas veces deseable dar un volantazo en una dirección nueva. Algunas veces (¡no siempre!) una entidad se enfrenta a una situación en la cual puede conceptualizar (si se anima) la diferencia entre lo que habría que hacer según su inercia/identidad y lo que haría siguiendo algún criterio X (insisto, conceptualizado por la propia entidad) de virtud concluyente; algo que la entidad puede asignar el calificativo de "Lo Mejor". Ser Independiente es hacer lo mejor y no tener conflicto en incorporarlo a su identidad dinámica o Autocultural (POST Identidad).

    "Quien puede lo más, puede lo menos": como hemos discutido en algún Club, la frugal porción de verdad que esta consigna logra atrapar depende de una cláusula de asincronismo básica. O sea, alguien que pueda un Más, puede con todos los Menos, ¿al mismo tiempo? Una persona que sabe tocar el piano y se defiende haciendo multiplicaciones mentalmente quizás no pueda hacer ambas cosas a la vez (conste que hablo de actividades que no tienen una incompatibilidad técnica a priori).

    Y aquí es donde entra a tallar el tema de la Distracción: cuanto más esenciales, críticas y desafiantes sean las cosas que nos proponemos realizar en la vida, más costosa es la eventual caída en esta especialidad de la CC. Es crucial elegir bien las batallas y los territorios a conquistar, sin subestimar la gran capacidad de absorción que ostentan, como rasgo evolutivo, los pantanosos pliegues de lo clásico.

    30 de mayo de 2014 at 6:47 pm
  • Quisiera aclarar que no objeté, respecto de la rebelión de un hombre a la clásica gestión de la disponibilidad biológica, que alguien lo hubiera hecho o lo estuviera haciendo (cosa que descuento), solamente me sonaba muy fuerte y de difícil probanza el "…seguramente hace miles de años…"

    Sobre el tema de la escudería, volviendo a la situación que generó este punto, el tema es si esa señora en su estado pre-maternal era un dechado de virtudes orgánico/estructurales y una embajadora de la singularidad y de repente se embaraza y a consecuencia de ello da un volantazo, muerde la banquina de la independencia y desbarranca hacia las profundidades de la cultura central y cambia sus maneras de proceder en la vida, de tomar decisiones, de encarar los desafíos, etc., eso me parecía menos probable que imaginar la idea de una señora que previo a su embarazo estuviera compitiendo por el título de "empleada del mes" de la cultura central y en orden a ello su embarazo no es más que un hito esperable en dicha carrera. Por lo demás adhiero con todas mis fuerzas a siempre buscar lo mejor e incorporarlo a mi dinámica identitaria.

    Luego, llegamos al "quién puede lo más, puede lo menos". Aquí, tal como muchas veces se predica de mis exposiciones en el Club, me parece que hay una "trampita" en el razonamiento empleado, la citada consigna siempre la vi aplicada a situaciones homogéneas dentro de un mismo carril (para seguir con las metáforas automovilísticas), sino nos enfrentamos a "objetos" de orden diferente, estos pueden ofrecer al sujeto bajo análisis grados distintos de complejidad que pueden o no corresponderse con los del observador, el dicho se aplica a ejemplos de este tenor: Si alguien puede ejecutar en piano una obra tan compleja y bella como "Rasguña las Piedras" bien puede acometer y llevar a buen puerto la ejecución de la "Novena Sinfonía" de Beethoven, si César Pelli pudo diseñar Las Torres Petronas en Kuala Lumpur, imagino que no tendrá problemas en diseñar un tres ambientes en Almagro.

    Finalmente y teniendo en cuenta mi habitual vagancia para escribir y mi pereza mental para debatir tan ordenadamente, agradezco a las dos Lauras, a Victoria y, también, al Inefable Carlos, que hayan sabido estimularme con sus punzantes y hábiles comentarios.

    31 de mayo de 2014 at 8:11 pm

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