Arte mortífero

Por Laura Marajofsky

Si bien el rol del artista exitoso y sufrido se ha vuelto ya un cliché de la cultura, hay algo profundamente triste en el hecho de escuchar que alguien que supuestamente está cumpliendo sus sueños (y probablemente los sueños de muchos, de acuerdo a estándares tradicionales) confiese sentirse infeliz, o incluso admitir que preferiría estar muerto… como hizo recientemente la cantante Lana del Rey en una entrevista que dio al diario británico The Guardian.

En esta nota Del Rey admite literalmente desear estar muerta (“I wish I was dead already”), y ante la sorpresa y repregunta del cronista, reafirma “No quiero seguir teniendo que hacer esto. Pero lo hago. Es como me siento…”

Quizás no muchos lleguen a expresarlo de manera tan tajante y descarnada como Del Rey, si bien de una u otra forma terminan canalizándolo en sus productos, su arte, a través de sus vidas, etc.

Aparte de seguir indagando -o mejor dicho, a esta altura constatando- el fracaso que constituye el modelo aspiracional y de éxito del artista profesional hoy día, es interesante notar también algunas otras conexiones, como cierta idealización y hasta glamorización del tema de la muerte. No es casualidad que Lana cite entre sus héroes tanto a Amy Winehouse como Kurt Cobain, al punto de extraer inspiración de allí no sólo para su arte, sino también -lamentablemente- para su vida. Nótese también la utilización de la palabra “héroes”, ya no ídolos o referentes… como si en sus vidas pero fundamentalmente en sus finales hubiera algo de heroico o épico.

Dos anécdotas más cierran este cuadro, por un lado las declaraciones bastante sensatas de la hija del propio Kurt Cobain, quien ante los comentarios de Del Rey salió a pedir que no se romantice la muerte de los músicos jóvenes. Y por otro lado, una apostilla de hace unas semanas en la que un periodista se permitía decir que las recientemente publicadas fotos de la escena del crimen de Cobain eran escalofriantemente bellas y podrían ser consideradas arte (“high art”).

“The results are nothing like you’d expect. None feature the Nirvana frontman. Instead, they are filled with easily overlooked details from around the house. The big surprise is how beautiful they are. The images could hang in a gallery aside realist photography giants like William Eggleston and Stephen Shore.”

Riorevuelto
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