La Evolución: ¿jugará para la cultura central….? (apuntes de una traición)

En el diario español ABC, salió una nota acerca de la importancia que, aparentemente, el mecanismo evolutivo le asignó a lo que ellos, con su designación típicamente hispana, denominan “emparejamiento por amor”.

La nota es rastreable aquí: http://www.abc.es/ciencia/20150914/a…

En ella se establece como condición preliminar que la elección de la pareja en base a la libre elección de sus miembros, lo que podríamos denominar, en su designación típicamente de telenovela, “por amor”, es un hecho relativamente reciente, de finales del siglo XVIII.

Anteriormente las uniones se basaban como “contratos o alianzas entre grupos (clanes, familias y linajes)” (citan a: Stephanie Coontz en su libro «Historia del matrimonio».)

Ahora bien, en la revista PLoS Biology publican un estudio de un grupo de investigadores del Instituto Max Planck de Ornitología, de Alemania quienes pensaron un diseño de investigación experimental para iluminar la cuestión de la elección de pareja.

Breve descripción de la investigación:
Usaron unos pájaros llamados, en el lenguaje típico de los ornitólogos, pinzones cebra, también conocidos como diamantes mandarín, australianos ellos y que se usan mucho en investigaciones por algunas similitudes con nosotros, en el cortejo, la monogamia y el cuidado de las crías.

Estos investigadores establecieron una sesión de las llamadas, en lenguaje típicamente moderno, “citas rápidas”, dejando a grupos de 20 hembras elegir libremente entre 20 pinzones macho.

Una vez que las aves se habían emparejado, a la mitad de las parejas se les permitió una vida de felicidad conyugal.

Sin embargo, la otra mitad tuvo peor suerte. Como una reminiscencia de lo que ocurría en el pasado con los matrimonios humanos, los investigadores separaron a la feliz pareja y obligaron a cada integrante a unirse con otro compañero distinto del elegido.

Tanto a las parejas felices como las de “conveniencia” las dejaron criar libremente y evaluaron su comportamiento mediante el número de los embriones y pichones muertos así como hijos supervivientes.

El número final de pichones supervivientes fue un 37% mayor en el caso de las aves que se habían emparejado “por amor” que en las parejas impuestas. Los nidos de parejas formadas sin posibilidad de elección tenían casi tres veces más huevos no fecundados que las de libre elección, y un mayor número de huevos fueron escondidos o se perdieron.

También murieron muchos más pollos de estas parejas después de la eclosión. La mayoría de las muertes ocurrieron dentro de las primeras 48 horas, un período crítico durante el cual los padres obligados a emparejarse eran notablemente menos diligentes en sus deberes con las crías que los de las parejas felices.

En lo que denominaremos, en lenguaje típicamente clásico, como el “noviazgo” de ambos tipos de parejas -felices y obligadas- mostró algunas diferencias notables. En primer lugar, aunque los machos de las parejas obligadas prestaban la misma atención a sus compañeras que los de las parejas felices, las hembras eran mucho menos receptivas a sus iniciativas y tendían a aparearse con menos frecuencia. Lo que traducido a nuestra especie, significa que ellos son menos reacios al matrimonio de conveniencia y se acostumbran a cualquier pareja. Sin embargo, ellas son menos receptivas a la pareja no elegida.

Al analizar los datos de la investigación surge, en el lenguaje típicamente sintético de uso común en este foro:

1. Las que no tuvieron elección eran en general mucho menos “tiernas” que las felices.
2. También registraron un mayor nivel de la infidelidad en las aves de las parejas obligadas.
3. Los investigadores concluyen que las aves varían bastante en sus gustos y eligen compañeros que encuentran estimulantes de alguna manera que no es necesariamente obvia para un observador externo.
4. La elección hace que las hembras de pinzón tengan mayor interés y probabilidad de éxito en la cópula y promueve el compromiso paterno durante el tiempo necesario para criar a la nidada.
5. Y que, en conjunto, esto maximizaría la probabilidad de que la pareja perpetúe sus genes a través de una descendencia próspera.

Los investigadores, nombre típicamente usado por los glosadores de esta nota ante el desconocimiento de los mismos, llegaron a la conclusión de que es probable que el juego de la seducción en nuestra especie tenga una finalidad parecida para garantizar que durante la larga fase de dependencia de los hijos obtendrán el apoyo de su progenitor.

Mencionan que los resultados son coherentes con algunos estudios sobre las diferencias entre matrimonios basados en el amor y los llevados a cabo por conveniencia en la sociedad humana.

De ahí que, concluyen, le dediquemos tanto tiempo y esfuerzo a la fase previa de cortejo, pese a que en algunos casos obtengamos frustraciones.

Lo llevamos en los genes, que según alguna teoría, nos utilizan para perpetuarse.

Algunas ideas de este escriba (nombre que típicamente asumo cuando hago cosas como esta): Darwin en el “El origen de las especies”, refiere al principio de la selección natural como el motor más importante del proceso evolutivo, allí nos dice:
“Existen organismos que se reproducen y la progenie hereda características de sus progenitores, existen variaciones de características si el medio ambiente no admite a todos los miembros de una población en crecimiento. Entonces aquellos miembros de la población con características menos adaptadas (según lo determine su medio ambiente) morirán con mayor probabilidad. Entonces aquellos miembros con características mejor adaptadas sobrevivirán más probablemente…”

El mecanismo de “selección natural” citado por Darwin se aplica a individuos no a otra cosa.

Me pregunto si es posible trasladar lo aplicable a un individuo, es decir a un sujeto biológico, a un mecanismo social, es decir a un sujeto no biológico.

En otras palabras, podríamos suponer que la “evolución” selecciona de entre todos los métodos de emparejamiento aquél que suponga mayores recaudos a la hora de asegurar la progenie de estos individuos.

Siento que recorrer este pensamiento es como ir avanzando por un río en vías de descongelamiento (ejemplo que uso típicamente cuando trato de oscurecer…), al principio el camino es firme, pero luego hay que empezar a saltar de trozo en trozo de hielo para no caer al agua helada y cada momento que pasa, aleja los trozos unos de otros.

El primer salto lo dimos a tomar a los pinzones cebra como homólogos de los humanos, no contentos con esto, intentamos dar otro salto a un trozo de hielo aún más lejos: Los mecanismos sociales son sujetos de aplicación del principio de selección natural….

El siguiente salto, que me atrevo a dar pero no aseguro la estabilidad, es pensar que la evolución premió el mecanismo de enamoramiento para asegurar la especie humana y, en tal sentido, la cultura central (nombre que típicamente asume en el Club la cultura humana hegemónica en un tiempo y lugar concreto) tomó el concepto y lo fue aderezando con las modalidades propias de la época para hacerlo interesante, tomó el amor y lo bastardeó, lo redujo a poesías pequeñas, canciones melosas, películas indies, mensajes en facebook, interminables whatsappeos y cosas así.

Pero todo esto no debería alejarnos de que hay una substancia por detrás de toda esa parafernalia sentimentaloide y es el mecanismo puro y duro de la selección del más apto.

La humanidad a través de la evolución puso en un banquillo todos los posibles sistemas de emparejamiento y eligió el más eficiente.

Si esto fuera así, el mecanismo de emparejamiento por amor, que es instrumental a la descendencia, tiene algo de estructural… entonces me pregunto si este instrumento roza lo estructural, la finalidad a la cual se ordena, la procreación, ¿no tendrá también ese derecho con mayor naturalidad?

(¡¡¡ Splashhhh !!! algo ha caído al río, ¿será el autor de estas líneas que intentó saltar más de lo debido? ¿o serán los lectores sorprendidos en su buena fe?)

Daniel Lopez
1 Comment
  • Buenas Dani!

    A mí me parece muy razonable lo que planteás en cuanto a considerar a la selección natural como dinámica evolutiva de la Cultura Central.

    De hecho, una vez que un sistema cultural selecciona un rasgo entre una gama de opciones, puede incorporarlo a su propia existencia mediante una operación de mutación: a diferencia de las especies biológicas que sólo expresan los beneficios de los cambios aleatorios a partir de las sucesivas descendencias (salvando el caso de la epigenética), los sistemas culturales pueden incorporar esos cambios dentro de su propia persistencia como organismo.

    Con respecto a la estructuralidad, no me caben dudas de que la procreación, tanto como circunstancia para el individuo, así como también considerándola una estrategia de transferencia de entropía desde la CC hacia el individuo, así como la mismísima CC, son todas dinámicas y entidades estructurales, lo que no quiere decir que sean nobles o convenientes desde la perspectiva de un individuo.

    Si es trascendente y forma parte de un proceso de transferencia vital, creo que debe considerarse estructural.

    El problema es que esa estructuralidad sugiere la falta de la misma en el individuo que procrea.

    En mi opinión, el gran desafío de un individuo independiente es Ser estructural, en vez de ser el soporte orgánico por sobre el cual dirimen sus estructuralidades otras entidades, ávidas o gestoras de persistencia siempre ajena.

    24 de septiembre de 2016 at 12:01 am

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